Cuando el acceso le ganó a la propiedad

Recientemente pude ver en las redes sociales una imagen viral que me hizo reflexionar sobre las nuevas tendencias en el consumo y que hoy quiero compartir.

La imagen es la siguiente:

Uber, Facebook, Alibaba, Airbnb

En español se traduciría así:

Uber: La compañía más grande de taxis del mundo, no posee vehículos.

Facebook: El propietario más popular de medios, no crea contenido.

Alibaba: La tienda con más ventas, no posee inventario.

Airbnb: El proveedor de hospedaje más grande del mundo, no tiene inmuebles.

Algo interesante está pasando.

A los 4 ejemplos se le pueden sumar muchos más y cada día aparecen nuevos servicios que prescinden de los esquemas tradicionales del comercio para dar paso a una nueva economía.

Se le ha dado el nombre de Sharing Economy, o economía colaborativa, y si bien no tiene una única forma de manifestarse podemos decir que se refiere a aquellas ofertas y servicios brindados con la ayuda de las tecnologías de la información, que por medio de la distribución y manejo de información logran multiplicar su capacidad de manera exponencial.

Los beneficios y el número de usuarios de estas empresas llegan a cifras que hasta resultan difíciles de imaginar. Pero no sólo la economía se ve afectada por estos cambios. Por supuesto que tiene repercusiones en el derecho y representa nuevos desafíos para los actores jurídicos.

La imagen también me hizo recordar un libro que nombraran en una clase de Derecho Telemático hace más de 3 años: “Era del Acceso“, libro de Jeremy Rifkin sobre la nueva economía. Ese mundo en el que es más importante Acceder que Tener resulta hoy una realidad.

El sentido mismo de la propiedad cambia. Para las nuevas generaciones, como los llamados Millenials, el tener o no tener un bien o servicio ya no pasa por tener la propiedad de la cosa; Pasa por poder acceder a ella cuándo, dónde y durante el tiempo que uno quiera.

Al decir de Lisa Gansky, el valor del producto o servicio puede separarse de su propiedad. Bajo esta idea es que aparecen las nuevas formas de explotación que por medio de tarifas de acceso permiten una explosión en las ganancias pero también en las ventajas para los usuarios.

Tan sólo pensemos en la ventaja de YouTube, Spotify, Netflix, Dropbox y un montón de otros servicios web: ¿Para qué voy a comprar y descargar, si puedo conectarme y tener acceso a un catálogo mucho más amplio cuando y donde quiera?

Los viejos esquemas de las industrias se están destruyendo y la única salvación resulta ser adaptarse o perecer en el intento. Los avances disruptivos como los que trae la economía colaborativa sacuden estructuras “clásicas” y con ello se ganan el recelo de un montón de personas que deben repensar su negocio.

El derecho no es ajeno

Además con las nuevas formas de uso de los bienes y servicios aparecen nuevas complejidades que el derecho debe atender, como ser la “difusión” de las responsabilidades, los problemas de jurisdicción competente, el derecho aplicable, los métodos alternativos de resolución de conflictos, y muchas otras aristas para las cuales los juristas de nuestro país no han sido capacitados.

Esos son los problemas que luego vemos en los medios de noticias cuando estos servicios desembarcan en nuevos países y generan reclamos de la industria local. Basta recordar la llegada de EasyTaxi a Uruguay y la primer reacción del Sindicato de Taxistas. ¿Qué pasará con la inminente llegada de Uber? 

Esto es sólo el comienzo; Las posibilidades aumentan con cada nuevo desarrollo y es importante que la sociedad conozca las ventajas y desventajas de cada uno de estos cambios. La tecnología es una herramienta, está en nosotros saber usarla para el bien y de manera sensata.

2 thoughts on “Cuando el acceso le ganó a la propiedad”

  1. @guicar16 says:

    Cuando el acceso le ganó a la propiedad – mjackson.uy https://t.co/5MTAnS5mQP

  2. @matg20 says:

    Cuando el acceso le ganó a la propiedad http://t.co/i9MJt4ga17 vía @mjacksonuy

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