Lo bueno, lo malo y lo feo de Uber en Uruguay

Para bien o para mal, la llegada de Uber generó una ebullición de discusiones, marcando la agenda tecnológica de Uruguay en este 2016. ¿Qué lecciones podemos aprender de este fenómeno?

Lo bueno

La llegada de aplicaciones que afectan nuestro quehacer diario, especialmente en algo tan importante como el transporte urbano, marcó el 2016 en Uruguay. La entrada por la ventana de Uber generó un centenar de seminarios, paneles, publicaciones académicas y  periodísticas, a la vez que se escucharon voces nuevas, algunas más versadas que otras.

Poco a poco nos dimos cuenta que Uruguay necesitaba dar estas discusiones si pretendía seguir avanzando en algo que no fuera Gobierno Electrónico. Nos dimos cuenta que el Uruguay Digital implicaba más que la acción y voluntad del Gobierno. Debíamos escuchar los múltiples intereses en juego, comprender sus necesidades, entender aspectos técnicos de la red y así evitar errores que tiraran por la borda años de esfuerzo que nos colocaron como referente internacional.

Así se empezaron a tratar nuevos temas, que hasta el momento no escapaban de ámbitos especializados, como la neutralidad de la red, el bloqueo de contenidos, la tributación de las OTT’s, y hasta cosas básicas, como el rol que cada organismo cumple a la hora de regular Internet. Ese intercambio y discusión general es, sin dudas, el gran aporte de Uber a Uruguay.

Lo malo

“El Uber de [Insertar nicho de mercado preferido]” es una frase que se repite cada vez más entre emprendedores y el sector vinculado al desarrollo de apps locales. La Uberización de todo, como deseo o pesadilla de cualquier empresario.

Todos quieren emprender y quieren hacerlo al Uber-Style: Siendo intermediarios y eludiendo cualquier tipo de regulación. Esa es la premisa básica que, entiendo, pierde de foco un montón de variantes y que lo único que hace es generar la falsa percepción de que “Como está en Internet nadie me puede hacer nada”. La inmunidad de Internet parece ser un mito que se mantiene desde los `90 y del cual no podemos despegarnos.

En realidad el modelo de negocios de Uber va mucho más allá de la evasión de regulación y la mera intermediación entre choferes y usuarios. Armar una empresa de tales características es tan complejo que no me animo ni a describirlo en un post. Requiere estudios de mercado, capacidades de adaptación constante, una gran velocidad de respuesta ante incidentes y muchas horas de ensayo-error.

Creer que sólos con nuestra app y una landing page vamos a cambiar las reglas de juego sin cumplir con ninguna normativa es de un irresponsabilidad y desconocimiento por lo cual debemos seguir informando y capacitando, evitando caer en simplismos.

Lo feo

Luego de más de 8 meses de trabajo, se aprobó en Diputados el proyecto de regulación de aplicaciones tecnológicas, que ahora espera en la fila hacia la Cámara de Senadores. El proyecto, presenta algunas deficiencias, sobre las que escribí este post. Además se escucharon otras voces nacionales e internacionales señalando carencias del proyecto.

Resumiendo, las objeciones refieren a la reiteración de conceptos que ya existen y se vuelven innecesarios, la falta de definición de qué información deben entregar las empresas al gobierno, y las medidas de bloqueo bancario, que pueden terminar ocasionando desincentivos a la hora de emprender.

A esto se suma que en paralelo la Intendencia de Montevideo presentó a la Junta Departamental un proyecto de regulación propio. Si bien parece ser más indicado éste tipo de encare, donde el regulador se encarga de sus competencias específicas, la falta de coordinación entre el gobierno nacional y el departamental deja en evidencia cierto nivel de improvisación en un tema que requiere estudio y conocimientos, no mero rédito político.

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